El ahora

Hace menos de una semana disfruté de un concierto mágico. Lana del Rey visitó por primera vez Barcelona. El Palau Sant Jordi se llenó de su sensualidad y delicadeza, los fans coreaban ansiosos las canciones más populares de la cantante. No obstante, hubo algo que me descuadró. Una forma de vivir el concierto que me pareció, cuanto menos, curiosa.

Vi más móviles esa noche que movimientos de Lana. Durante el 90% del concierto, los asistentes grababan, tomaban fotos e incluso retransmitían en directo el concierto de Del Rey. Pocos eran los que se dedicaban realmente a disfrutar de ese instante. Parece que si no grabamos cada momento, que si no compartimos cada instante, ese segundo no existió.

Entiendo nuestra necesidad de comunicarnos, de compartir, somos seres sociales. Pero no entiendo el miedo a desconectar. El miedo a recordar. El miedo a imaginar. A volver a ese minuto sin necesidad de estar contemplanto una imagen o una foto. La próxima vez que viva algo tan mágico como el concierto de Lana, espero hacerlo con el móvil apagado.

Los ídolos

Debo decir que tengo un ídolo. No me da vergüenza admitirlo, idolatro a alguien. No es famoso, no es artista, o sí, a su manera. No es científico, ni tampoco escritor, pero tiene un valor que no conoce fronteras.

Cuando en el colegio nos pedían que redactaramos una carta a nuestro ídolo, yo nunca dudaba, esa carta siempre iba dirigida a mi abuelo. Es fuerte, luchador y con una capacidad impresionante a anteponerse a la adversidad. No conozco persona con más humor en los momentos dramáticos que él. A veces hace comentarios incorrectos en momentos totalmente inadecuados y acabamos pareciendo los protagonistas de una película de Almodóvar. Pero realmente son esos los momentos en que más necesitamos que nos arranquen una sonrisa.

Creo que sería mejor sí, en lugar de fijarnos en personas que están a años luz, nos fijáramos en aquellos que luchan día tras día para hacernos salir adelante. En aquellos que dan todo para que lleguemos un poco más lejos.

A veces los héroes, están más cerca de lo que creemos.

 

 

 

Programadas para competir

Normalmente hablo sin sentido. Casi siempre hablo de chorradas y, muy de vez en cuando, puedo llegar a participar en debates fascinantes. Hoy ha sido un día de estos. Hoy, sin quererlo hablando con compañera, hemos llegado a una triste y real conclusión: a las chicas, desde pequeñas, se nos educa en la competición.

No seré la primera en decirlo, claro está, pero darte cuenta de esto es, cuanto menos, doloroso. El primer instinto al conocer una chica nueva es analizarla de arriba abajo, identificar si es o no una amenaza, una vez hecho este frívolo escáner, nos comportamos con ella de una manera o de otra. No lo hacemos conscientemente, es más, cuando nos damos cuenta de la forma en que estamos juzgando a una igual, muchas veces, rectificamos. No obstante, nuestra primera reacción es esa.

¿Por qué? Obviamente la verdad absoluta no la tengo, pero si una parcial. Desde que somos niñas se nos enseña, y se nos exige, ser perfectas y ser muy, muy niñas. Por suerte, esta tendencia poco a poco va desapareciendo, no obstante, con el tema de la belleza aún hay mucho que mejorar.

La presión social existe. Aunque muchos crean que es un mito, es muy, muy real. Ya desde niñas se nos piden unos cánones estéticos complicados de asumir. Poco a poco vamos creciendo y nos vamos castigando para llegar a ese id(rr)eal. ¿Y si no tuviéramos un modelo a seguir? ¿Y si ser como somos fuera una opción? ¿Y si aceptarse a una misma no fuera reto?

Deberíamos enseñar a las más pequeñas a ayudarse, a ser un equipo. A dejar de mirar de reojo a la chica de al lado, a dejar de percibir amenazas donde en realidad hay apoyos potenciales. Dejemos de competir para empezar a compartir.

El mundo analógico

En la era de lo digital parece que la fiebre de lo analógico ha vuelto. Ahora que tenemos la posibilidad de tomar fotos en una calidad increíble, de inmortalizar el momento de forma instantánea y de poder ver el resultado de nuestras fotos al momento, ahora nos entra la nostalgia.

Debo decir que soy una enamorada de lo antiguo, que la fotografía analógica me parece mucho más romántica que la digital. Tener una solo oportunidad para cazar el instante perfecto me parece que añade valor a la fotografía de antaño.

No obstante, actualmente cada vez son más las personas que se interesan por las cámaras y las fotografías analógicas. En Barcelona podemos encontrar decenas de tiendas especializadas en el sector, donde sus profesionales nos redescubren sus secretos secretos para tomar las mejores instantáneas.

Si te apasiona el mundo de la fotografía y te apetece sumergirte en el mundo analógico aquí encontrarás un listado de las mejores tiendas de fotografía analógica de Barcelona:

1. Nostàlgic

Nostàlgic és una tienda regentada por dos hermanos fotógrafos que desde muy jóvenes han vivido rodeados de cámaras gracias a su entorno familiar. En Nostàlgic podrás revelar tus carretes, comprarte una cámara analógica e incluso alquilarla, ¡tú decides!

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2. Lomography Store

En Lomography Store hay sitio para todos, tanto para los valientes que se acaban de empezar en el mundo analógico como los que se declaran sus amantes. Cámaras, carretes, accesorios… ¡lo encontrarás todo en pleno centro de Barcelona!

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3. Chandal Store

Alquiler de cámaras, revelados y mucho más te esperan en Chandal Store. Si no estás seguro de tu nueva aventura con la cámara analógica, alquila una durante una tarde y te acabarás de convencer.

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Mi día de suerte.

Hay días en que una tiene suerte. Sin buscárla, ni trabajarla… hay días que la suerte te encuentra. Y hoy, me ha encontrado a mi.

Al salir de trabajar, después de horas de oficina, la Plaça Reial de Barcelona me tenía preparado un secreto a voces. Durante todo el día un piano de cola precioso ha sido acariciado por decenas de impresionantes artistas.

He podido escuchar canciones como el clásico ‘Estremécete’, un tango argentino maravilloso y una de las míticas canciones de la película Amélie: ‘Comptine d’un autre été’. Todas y cada una de las canciones que he escuchado hoy me han hecho vibrar de una forma distinta. Pero todas me han emocionado por completo. He estado más de una hora escuchando los temas que tocaban todos los que se acerban a regalarnos un poco de su arte. Me hubiera quedado un día entero.

Hoy en la Plaça Reial se ha hecho MÁGIA, con mayúsculas. Gracias Fundació Setba por regalarnos arte.

 

Un auténtico museo al aire libre

Hace poco viajé a Milán. Todo el mundo me había hablado del Duomo, de sus tiendas y de su majestuosa catedral… pero nada más. No obstante, lo que más me enamoró de Milán fue, ni más ni menos, que el Cementerio Monumentale.

Siempre me han llamado la atención los cementerios, me parecen sitios curiosos, sorprendentes y además, muchos de ellos, amagan obras de arte. Desgraciadamente descubrimos este lugar horas antes de volar de nuevo hacia Barcelona, solo tuvimos media hora para recorrer y admirar las maravillas que escondía el Cementerio Monumental de Milán.

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La mayoría de las esculturas que se pueden ver en este auténtico museo de 250.000 metros cuadrados se construyeron durante el siglo XIX. Mausoleos, tumbas, panteones y altares te dejarán boquiabierto con su elegancia.

No pierdas la oportunidad de pasear entre auténticas obras de arte en un ambiente, cuando menos, curioso.

La entrada al cementerio es totalmente gratuita y abre de martes a jueves de 08.00h a 18.00h.

¿Te atreves a descubrir el arte del Cementerio Monumental de Milan?

Argelès-sur-Mer

No hace mucho viaje hasta Francia. Fue un viaje espontáneo, sin ruta planificada, totalmente improvisado. Visité el sur de Francia durante la Navidad y me enamoré del ambiente de sus pequeños pueblos. Además, en Perpignan me esperaba una grata sorpresa, encontré la preciosa catedral de Perpignan con cristaleras impresionantes, donde pude estrenar mi nueva cámara.

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Una vez acabamos de descubrir los rincones más escondidos de Perpignan, viajamos hasta Argelès-sur-Mer. Nunca había estado allí, ni tampoco había escuchado hablar de su história, sin embargo, en cuanto llegamos a una de las playas de la localidad, sentimos que algo había pasado ahí.

El mar estaba en calma, la playa era infinita, la sensación de paz absoluta, pero una sensación extraña nos incomodaba. Aunque nos enamoramos de esa playa y andamos en su arena durante toda la tarde, al volver al coche busqué información sobre ella, por pura curiosidad. Me quedé sorprendidísima al saber que, años a trás, en Argelès-sur-Mer, y en esa mísmisima playa, hubo un campo de concentración donde se internaron más de 100.000 personas.

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Recomiendo muchísimo viajar hasta Argelés-sur-Mer y vivir las sensaciones que despierta este lugar en primera persona.

‘Trabajo, piso, pareja’ – Zahara

Hay libros y libros. Hay libros que te fascinan porqué no entiendes nada, porqué te trasladan a mundos fantásticos que nunca has podido llegar a imaginar. Libros que te hacen viajar a universos lejanos, a rincones perdidos. Que te arrancan de tu zona de confort para llevarte un poco más allá.

Luego existen otros libros. Libros que asustan de lo familiares que resultan. Libros con los que te das de bruces contra la realidad. Libros que te calan, que te tocan muy dentro, libros con los que, a veces, te identificas más de lo que te gustaría.

La obra de Zahara ‘Trabajo, piso, pareja’ es un libro para valientes, solo apto para aquellos que son capaces de entender y hasta aprender a querer la inevitable rutina. Una história con la que cualquiera se puede sentir identificado a partir de los 25 años. Una história que habla del amor, de la amistad y, sobre todo, de la vida. Un cuento largo que te invita a reflexionar. Que hace que te plantees la pregunta que todos tememos… ¿y si…?

Te recomiendo leer esta Novela, sí, Novela, con mayúsculas, sencilla y cotidiana.

Y si con esto, no te animas a leerlo, te dejo un par de quotes que te acabará de convencer.

Me mira como si queriendo decir algo y vuelta al mutismo. Convento de clausura. Se me clava mi propia piel, rígida y tensa. Quiero gritarle y golpearlo hasta que reaccione, hasta que pase algo. Pero él sigue ahí, mirándome como si fueran a degollarlo, consciente de que son sus últimos minutos.

Hay un tipo de personas a las que los problemas se les revientan en el estómago por no hablar de ellos. Bien, yo no soy una de ellas.